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Bonita y fabulosa

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Aunque no me guste del todo aceptarlo, hasta el día de ayer estaba viviendo una angustia terrible. Parecía que hace un par de meses estaba por confirmarse un diagnóstico que ya bien me lo conozco y que significaría -de nuevo- el principio del fin para mí. Como ya hace algunos años, más de diez, sólo por lanzar una cifra orientadora, tuve que agarrarme la valentía de quién-sabe-dónde y mantenerme de pie con ésto. Y como si la protuberancia en el culo no fuera ya suficiente me volvía a someter a las tecnologías médicas de imagenología, sangre encapsulada en tubos al vacío y recolección de orina por 24 horas. Un capítulo que regresaba a mí como un trailer de película que insiste en contar desde la primera escena el predecible final. Todo bajo la premisa: posible rechazo de injerto renal . Para quien se pregunta a qué me refiero, en la imagen se puede ver el riñón que me vuelve un cyborg y que me hace lucir esa larga cicatriz en el abdomen. Pero a diferencia de hace una década, est...

Tengo un sueño recurrente

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Tengo un sueño recurrente y este es que un día llego a la clínica y no me dan mis medicamentos. Esto ha pasado a lo sumo un par de veces en más de 8 años, cosa que luego entonces es muy poco probable, pero en mi sueño pasa. Y pasa que tenía que tomar ese medicamento exactamente a las 9 de la mañana y estoy afuera del consultorio y no me atienden y yo me degenero poco a poco hasta que me voy desvaneciendo en el asiento de la sala de espera y muero. Eso si bien me va, otras veces llegan las 9 de la mañana y no lo he tomado y entro en una dimensión extraña pero a la vez conocida, como si ya hubiera estado ahí alguna vez, y pierdo mi injerto, y mi piel se empieza a tornar de ese color que me asusto. Es muy inquietante, cuando despierto me veo las manos y los brazos y siento que ya está sucediendo, y me veo los pies y siento que ya se comenzaron a hinchar, lo cual es sintomatología de lo mismo, y voy al baño y siento que orino un litro menos de lo habitual y entonces he llegado a ese p...

Cartografías de la angustia

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Hace ya seis meses en los que me encuentro convaleciente en cama y no hay fecha para que esto termine. Durante todo este tiempo, a costa del dolor físico y psíquico, me he encontrado indispuesto para muchas cosas, entre ellas, algo que con suerte me ayuda a organizar todo este dolor: escribir. Ahora que la angustia viene a llenar mis días, mis horas, mis minutos y los segundos que parecen minutos, horas y días, he decidido que por fin pueda quedar obturada en estas líneas. Esta decisión no es nueva, la tomé a los 11 años cuando me propuse hacer la novela de mi vida. Me disponía unas horas al día frente a la computadora y tecleaba con la esperanza de que alguien leyera varias de las cosas que me habían sucedido y me habían hecho el chico retraído que casi siempre fui. Al día de hoy esta novela se perdió y tampoco fue leída, pero es lo que he venido haciendo desde entonces, con mayor o menor frecuencia, dependiendo de cuánto lo he necesitado. Aprendí a hablar y a gritar en silencio ...

Qué osadía

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Justo cuando creías haberle encontrado un sentido a todo, te vas a la cama esa misma noche y al día siguiente descubres que todo se reinició y que tienes que empezar de nuevo. Con cada uno de tus cachitos, chiquitos, pequeñitos, a intentar re ordenar tus ideas con cinta canela de la que no pega bien. A pretender que no te está llevando la chingada entre sus olas de agua salada. A darte cuenta de que tal vez nunca te vuelvas a parar de esa cama y que tal vez empeores o lo que puede ser peor que nunca mueras en ese eterno regreso. Que no vas a ser académica de la UNAM, que no vas a salir dragueada a la calle, que ya no vas a poder destruir al heteropatriarcado capitalista, que no vas a coger con nadie aunque seas la más lista, y la lista sigue. Y más que tu dolor actual es el hecho de que todo es fantasía y que nunca pasó y nunca pasara y tal vez eso duele más que saber que la cinta canela...

Unicornios

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R ha venido a visitarme algunas veces. Sin tener algún pretexto para hacerlo, solo entra a la habitación y comienza la tertulia como si fuera hace un par de minutos que nos vimos. R me habla de muchas cosas que son muy importantes y yo le escucho. R me platica de los unicornios, de sus compañeritxs de la escuela, de las cosas que no entiende y algunas veces me explica sus teorías. -Ay, tío, ¿apoco tú no sabes que los unicornios son de colores porque comen slime con glitter? - Ay, tío, ¿apoco no sabías que el cielo es azul porque es el espejo del mar? R me explica con paciencia y se asegura que haya entendido todo. Yo escucho atento y seguido de ello le pregunto más. También le pregunto sobre sus colores favoritos, sobre sus comidas favoritas, sobre sus caricaturas favoritas y sobre sus juegos favoritos. La última vez R me contó un sueño que tuvo y seguí el mismo procedimiento de callar, escuchar y preguntarle. Pero R me interrumpió y me dijo -Ay, tío, pero tú también cuéntame qu...

Otro más

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Llevas tanto tiempo burlando a esa cosa. Te escondes en cuevas grises y logras hacerlo por unos meses, pero no, eso no es precisamente una vida. En un rincón, tal vez temblando o no del miedo, cubriéndote con las cobijas para que no te encuentre y durmiendo lo más que puedes para olvidar que está sobre ti. Pero ahí está, ahí sigue, latente, en tus pensamientos, en las cicatrices de tu cuerpo, en las visitas al doctor, en las preguntas de tus amigos, en el también miedo y las evasivas a hablar de ello en tu familia. Ahí está, ahí sigue y no se va a ir. Tal vez solo es cuestión de enfrentarlo o resignarse a que tarde o temprano te atrapara. Y tal vez no es tan malo que lo haga, tal vez cuando te atrape y te abrigue en sus poderosos brazos con tanta fuerza que haga rendirte. Tal vez no sea tan malo, solo es cuestión de esperar.