Cartografías de la angustia

Hace ya seis meses en los que me encuentro convaleciente en cama y no hay fecha para que esto termine. Durante todo este tiempo, a costa del dolor físico y psíquico, me he encontrado indispuesto para muchas cosas, entre ellas, algo que con suerte me ayuda a organizar todo este dolor: escribir.

Ahora que la angustia viene a llenar mis días, mis horas, mis minutos y los segundos que parecen minutos, horas y días, he decidido que por fin pueda quedar obturada en estas líneas. Esta decisión no es nueva, la tomé a los 11 años cuando me propuse hacer la novela de mi vida. Me disponía unas horas al día frente a la computadora y tecleaba con la esperanza de que alguien leyera varias de las cosas que me habían sucedido y me habían hecho el chico retraído que casi siempre fui.

Al día de hoy esta novela se perdió y tampoco fue leída, pero es lo que he venido haciendo desde entonces, con mayor o menor frecuencia, dependiendo de cuánto lo he necesitado. Aprendí a hablar y a gritar en silencio con las manos, y ahora que probablemente mi mayor incapacidad no sea la de la enfermedad física, sino la de hablar, necesito hacerlo. Pero esta vez no se perderá como la novela u otros textos más, esta vez dejo el registro de mi angustia con la esperanza de que será leído. Especialmente por mí, pero también por las personas a las que a veces no sé qué decirles cuando me preguntan cómo estoy y cómo me siento. Este espacio quiero que sea más o menos la respuesta que daría a estas preguntas que también todo el tiempo me hago yo.

No sé cuánto durará esto, ni con qué periodicidad lo haré, ni si será leído o cumpla con el objetivo de organizar mi dolor. Esto es cartografías de la angustia, veamos qué nos depara.

Norman

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